Experimental Analysis of Social Interactions Among Prison Inmates: Exchange, Sanction and Power

Jacobo Herrera Rodríguez (1), Francisco Javier Pedroza Cabrera (1), Roberto Oropeza Tena (2) y María Elena Rivera Heredia (2)1


(1) Universidad Autónoma de Aguascalientes (2) Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

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Resumen

Se presentan los resultados de un estudio experimental que analizó interacciones intrapenitenciarias. El estudio se fundamentó en la propuesta interconductual de Análisis Teórico de las Dimensiones Funcionales del Comportamiento Social (DFCS) que establece para el comportamiento social tres dimensiones: 1) intercambio, 2) sanción y 3) poder. Se identificaron los estilos de interacción social de grupos penitenciarios a partir de las frecuencias de ocurrencia de las conductas de las DFCS. Para la obtención de datos se usó la observación directa del comportamiento y el registro sistematizado de la conducta dentro de fases experimentales correspondientes a cada dimensión funcional. Participaron ocho internos penitenciarios, clasificados por el reclusorio en tres categorías de funcionalidad intra-institucional: 1) alta, 2) mediana y 3) baja. Se formaron para cada fase experimental dos subgrupos, conformados por dos internos de mediana funcionalidad, una de alta y una de baja. Los resultados mostraron tres estilos de interacción social: intercambiante en los participantes de mediana funcionalidad, intercambiante-empoderado en los de alta e intercambiante-sancionador en los de baja funcionalidad. El análisis secuencial del comportamiento detectó patrones de sucesión, entre niveles funcionales, expresados en indicadores de probabilidad de ocurrencia.

Palabras Clave: intercambio, sanción, poder, estilo de interacción social, intrapenitenciario

Abstract

This study analyzed intraprison social interactions from an interbehavioral psychology perspective. It was grounded specifically in the Theoretical Analysis of the Functional Dimensions of Social Behavior (FDSB), in which three dimensions of social behavior are established: 1) exchange, 2) sanction and 3) power. The purpose was to identify group styles of intraprison social interaction by systematically recording the frequency of occurrence of each of the behaviors considered in FDSB, across experimental phases pertaining to each functional dimension. The participants were eight prison inmates, classified by the institution in three functionality categories: 1) high, 2) medium and 3) low. Three styles of social interactions were found: exchange in the medium functionality participants, exchange-power in the high functionally participants and exchange-sanction in the low functionality participants. The sequential analysis of the behavior detected succession patterns between functional levels, which were expressed as indicators of the probability of occurrence of each behavior.

Keywords: exchange sanction, power, styles of social interaction, prison

 

Diferentes propuestas psicológicas (Bandura, 1982; Ribes & López, 1985; Ribes, Rangel, & López-Valadez, 2008; Santoyo & López, 1990) señalan a la interacción social como temática central de estudio de la psicología. Esto ha hecho que se identifique a la psicología como disciplina de la interacción social y al proceso interaccional como su principal objeto de estudio.

Desde la taxonomía de la teoría de la conducta (Ribes & López, 1985) las interacciones sociales son exclusivas de la especie humana, ya que se articulan a partir de y como lenguaje en la forma de convivencia (Ribes, 2006) y están determinadas por el intercambio, la sanción y el poder (Ribes et al., 2008) como sus dimensiones funcionales. Dentro de esta investigación se trabajó bajo un método basado en la observación directa del comportamiento (Martin & Bateson, 2007) en situaciones experimentalmente diseñadas ex profeso para internos penitenciarios pertenecientes a tres grupos de funcionalidad intrainstitucional. Se buscó configurar estilos de interacción social a partir del contraste de los registros cuantitativos de los comportamientos observados, con la teoría de las Dimensiones Funcionales del Comportamiento Social (DFCS; Ribes et al., 2008).

De acuerdo con el estado del arte, cada dimensión funcional tiene distintas formas de configuración en el contacto interpersonal. En el caso de la dimensión de intercambio se considera una dimensión prosocial, relacionada con conductas de complementación, como el acuerdo, el consenso, el altruismo o el desacuerdo, además de que se le considera la forma más básica de interacción, ya que se postula que las dimensiones de sanción y poder emergen como producto de las asimetrías en los intercambios (Ribes et al., 2008). A la sanción, se le relaciona con formas de interacción de juicio o valoración del ajuste de los actos de los individuos a las normas y de la administración de consecuencias sobre los actos de las personas, con base en normas identificadas con tradiciones o con leyes jurídicas. El poder, por su parte, se ha definido como la potencialidad de una persona para influir o controlar a otros en un sistema social (Cartwrigth, 1959; Goltz, 2003; Rangel, 2008; Raz, 1990) pese a la resistencia de los controlados. En la taxonomía de la teoría de la conducta, a la dimensión de poder se le relaciona con contingencias como prescripción, regulación, supervisión y administración (Ribes et al., 2008).

Uno de los intereses de esta propuesta fue hacer contribuciones al estudio de internos penitenciarios, ya que los antecedentes muestran que comúnmente este tipo de poblaciones se abordan desde marcos de referencia como la psicopatología o la psicología criminológica (Aluja & Pérez, 1993; Aluja & Torrubia, 1996; Garrido, 1993; Marchiori, 2002) comúnmente con evaluaciones entre sujetos dadas en un solo corte temporal y dejando de observar las consistencias comportamentales de las que se posibilita su estudio mediante los procesos observacionales, lo que ha llevado a una escasez de trabajos sobre los procesos de socialización no delictivos con este tipo de poblaciones. Por lo tanto, el estudio de la interacción intrapenitenciaria se consideró un objeto de estudio relevante y pertinente para la psicología, si se considera además que tradicionalmente se ha creído que la delincuencia emerge como consecuencia de problemas de interacción social (Bandura & Ribes, 1978; Kazdin & BuelaCasal, 2001; Wilson & Herrnstein, 1998). Acceder al análisis científico de procesos interactivos con este tipo de participantes podría ser el punto de partida para identificar estilos de interacción tanto de tipo criminógeno como protectores, que se pudieran considerar posteriormente en propuestas de depuración de los tratamientos penitenciarios.

Atendiendo la propuesta de la taxonomía conductual de Ribes (Ribes, 1990a; Ribes, 1990b; Ribes & López, 1985; Ribes et al., 2008) se consideró que el análisis de interacciones sociales intrapenitenciarias podría darse desde la teoría de la conducta, a través del contraste experimental de la propuesta de las DFCS. En ese sentido sirvieron como antecedentes de referencia técnica y metodológica, algunos reportes de estudios empíricos interconductuales sobre la dimensión de intercambio (Ribes & Rangel, 2002), del poder (Del Toro, 2010; Rangel, 2008; Rangel & Ribes, 2009) y otros que han analizado a las tres dimensiones simultáneamente (Herrera, 2011; Herrera & Pedroza, 2009). También es pertinente mencionar trabajos que sirvieron como referentes directos a éste análisis, por ejemplo los registros de observación natural en contextos penitenciarios mexicanos (Domínguez, 1982) y el trabajo planteado en una prisión simulada para fines experimentales, acerca de la asunción situacional del poder y el sometimiento (Haney, Banks, & Zimbardo, 1973), así como el análisis empírico sobre los componentes de autoridad, realizado desde un enfoque interconductual con una población penitenciaria de alta seguridad (García, 2006).

Método

El estudio realizado se basó en la observación directa del comportamiento, con registro sistematizado a partir de categorías desarrolladas desde la teoría de las dimensiones funcionales del comportamiento social, empleando un código de observación de 21 categorías. El registro se llevó a cabo por tres observadoras entrenadas, quienes emplearon el paquete computacional Noldus Observer. Se registró atendiendo tres fases experimentales, correspondientes cada una con una dimensión funcional del comportamiento social. Los estilos de interacción social se configuraron a partir de observar a cada subgrupo experimental y registrar la DFCS de la que más conductas emitían, relacionando de esta forma el nivel funcional con las preferencias de conducta.

Participantes

Participaron en el estudio ocho internos penitenciarios del sexo masculino, con estatus jurídico de sentencia. Ninguno de ellos había estado expuesto a situaciones experimentales. Se conformó una muestra de grupo único, al que se expuso a una serie de tres fases experimentales compuestas por tareas semi-estructuradas cuyos arreglos contingenciales producían ambientes propicios para la emisión de conductas de intercambio, sanción o poder, respectivamente, de las que se desprendió el registro observacional.

Los participantes pertenecían a tres diferentes niveles de funcionalidad: alto, medio y bajo. El nivel de funcionalidad lo determinó la institución penitenciaria a través de un proceso denominado “clasificación interna”, que incluye la evaluación con instrumentos psicométricos y entrevistas con criminólogos, médicos, pedagogos, trabajadores sociales y psicólogos, así como el registro del comportamiento del departamento de vigilancia, y el conteo de actividad laboral intramuros. Los participantes se dividieron aleatoriamente en dos grupos en cada fase experimental, bajo el único criterio de conformar cada una por un interno de baja funcionalidad, uno de alta y dos de mediana, buscando mantener un equilibrio muestral en cada evento. La muestra se conformó de dos sentenciados por robo, de 22 y 32 años de edad respectivamente, considerados de baja funcionalidad; cuatro sentenciados por homicidio, tráfico de sustancias y robo, de 40, 35, 39 y 29 años de edad respectivamente, considerados de mediana funcionalidad y dos sentenciados por homicidio y tráfico de sustancias de 40 y 38 años de edad respectivamente, considerados como de alta funcionalidad. La muestra estuvo conformada, por lo tanto, con adultos jóvenes (Papalia, Wendkos, & Duskin, 2001). Para fines de identificación en los procesos de registro y captura informática, a cada participante se le asignó un número, correspondiendo los números 1 y 2 a los internos de alta funcionalidad, los números 3, 4, 5 y 6 a los de mediana funcionalidad y los números 7 y 8 a los de baja funcionalidad.

Respecto a la condición clínica de los participantes, los expedientes de tratamiento reportaban que siete de los casos contaban con diagnóstico de trastorno antisocial de la personalidad y el otro caso con rasgos de la misma psicopatología citada en manuales de diagnóstico y estudios previos (Aluja & Torrubia, 2006; Pichot, 2002), lo que se considera típico en el contexto analizado. Relativo a la educación formal, los participantes del subgrupo de alta funcionalidad habían completado la secundaria, mientras que en la mediana funcionalidad los números 3 y 5 tenían la secundaria completa, el 4 contaba con bachillerato trunco y el 6 con secundaria trunca; mientras que en la baja funcionalidad el número 7 estudió la secundaria completa y el participante 8 contaba con la primaria completa.

Respecto a los criterios de inclusión a la muestra, se buscó a participantes que tuvieran un tiempo de estancia pendiente en la institución de al menos seis meses, además de buen estado de salud general, obteniendo nula mortalidad de la muestra.

Materiales y aparatos

Se emplearon manuales de tres diferentes situaciones de convivencia con fines experimentales, basadas en juegos de armado de rompecabezas, que contenían manipulaciones contingenciales que facilitaban la observación de conductas correspondientes con las dimensiones funcionales del comportamiento social. Se usaron 36 rompecabezas de 48 piezas cada uno. Se videograbaron las actividades utilizando casetes formato mini DVD, y dos cámaras con base colocadas en ángulos convergentes. Para el registro conductual se empleó el paquete computacional Noldus Observer y se contó con un catálogo conductual de 21 categorías, ocho correspondientes a intercambio, ocho a poder y cinco a sanción. La construcción de los juegos de armado de rompecabezas se basó en la teoría conductual de juegos (Camerer, 2003; Camerer, Ho, & Chong, 2002).

Procedimiento

Se llevó a cabo un plan de trabajo de tres etapas: 1) muestreo ad libitum, 2) elaboración de situaciones semiestructuradas para la calibración observacional y metodológica y 3) observación, videograbación y registro del comportamiento de los participantes experimentales. Se tomó como referencia el método de Bakeman (1991), en el cual se observan los procesos de sucesión conductual dentro de las interacciones, ya que a partir de ello se posibilita la identificación de patrones de estabilidad comportamental. Otros referentes fueron la propuesta de estudio por segmentación de escenas de López y Torres (1991), y las recomendaciones técnicas para observaciones naturales de Martin y Bateson (2007).
Las etapas que formaron el plan de acción de investigación fueron las siguientes.

Muestreo ad libitum. En esta etapa se realizaron registros anecdóticos, hechos sobre dos sujetos focales, en cuatro diferentes grupos de convivencia intrapenitenciaria: talleres, canchas deportivas, patio central y zona de consultorios.

Generación de situaciones semiestructuradas para la calibración observacional y metodológica. En esta etapa se buscó configurar tareas semiestructuradas que permitieran bajo condiciones experimentales, la observación y registro de comportamiento interactivo en fases desde la perspectiva teórica de las DFCS que se señalan en la taxonomía de la teoría de la conducta (Ribes & López, 1985). Se realizó un estudio piloto de las tareas empleadas con estudiantes de séptimo cuatrimestre de licenciatura en criminología con la finalidad de calibrar los procedimientos de éstas, así como de corregir aspectos técnicos. Para el estudio piloto se convocó a ocho estudiantes, todos sin experiencia experimental previa, para que desempeñaran los roles que luego tuvieron los internos penitenciarios. Para la inclusión de los estudiantes se consideró que tuvieran tres diferentes niveles de funcionalidad, para asemejar las condiciones del estudio real, siendo el promedio académico acumulado en la carrera el criterio para determinar el nivel de funcionalidad. El estudio piloto consistió en ejecutar durante 10 minutos cada una de las tres fases experimentales. El orden de presentación de las fases fue el siguiente: intercambio, sanción y poder, considerando que Ribes et al. (2008) reportaron a las interacciones de intercambio como procesos de origen y a la sanción y al poder como consecuentes de las asimetrías en el intercambio. Cada tarea fue videograbada y revisada por el equipo de observadoras que registró el desarrollo de la investigación final, para verificar necesidades de mejora en las instrucciones, diseño de la tarea, materiales, elementos logísticos y catálogo de conductas a registrar. A partir del estudio piloto se modificaron algunas de las condiciones de cada fase experimental y posteriormente se replicó cada una con las modificaciones derivadas del estudio piloto, obteniendo mejores resultados. En esta etapa se configuró un código de observación con 21 categorías, ocho de la dimensión de intercambio, cinco de la dimensión de sanción y ocho de la dimensión de poder (ver Tabla 1). Cabe destacar que al conducir el estudio final, los internos no emitieron en ninguna ocasión conductas del código de registro como el altruismo, la retribución, el sometimiento y el acato, correspondientes las dos primeras a la dimensión funcional de intercambio, y las segundas a la de poder.

Observación sobre sujetos focales. Se estableció un diseño de observación sobre sujetos focales considerando un grupo único de n = 8. Asimismo, se realizaron observaciones de dos subgrupos de internos, en tres diferentes situaciones de convivencia semi-estructuradas, determinando una duración de 40 minutos para cada sesión de observación, acumulando en total 240 minutos en la investigación con registro por evento. De igual forma, siguiendo recomendaciones técnicas (Landis & Koch, 1977), se obtuvieron índices Kappa para confiabilizar al equipo de observadoras que participaron, logrando índices de .75 y .84 para las tareas de intercambio y sanción respectivamente, así como .85 en la tarea de poder en registros de 10 minutos de duración. Para los registros finales, se corrieron estudios de concordancia por 40 minutos, obteniendo índices Kappa de .76 en la tarea de intercambio, .73 en la tarea de sanción y .77 en la tarea de poder.

En la primera fase experimental se analizaron contingencias de intercambio, a través de la observación de la interacción de cuatro internos penitenciarios, mientras ejecutaban cada uno, la tarea de armar tres rompecabezas de 48 piezas. Los rompecabezas se presentaron conteniendo piezas revueltas de forma equitativa, de los otros tres compañeros. La instrucción fue que cada participante debía armar los rompecabezas en el menor tiempo posible, teniendo libertad para hacer los intercambios de piezas que requirieran y en la forma que se quisiera, como trueques y cambios, entre otros.

En la segunda fase experimental se revisaron las contingencias de sanción. Se entregaron tres rompecabezas de 48 piezas a cada participante. Las piezas estaban revueltas y tenían una cantidad igual de piezas que los otros tres compañeros. La instrucción fue que cada participante armara sus rompecabezas, recuperando sus piezas en poder de sus otros compañeros a través de un juego por turnos, donde elegían al azar una tarjeta que contenía una situación problemática a la cual cada jugador daría una solución que comentaba frente a los demás participantes quienes sancionaban su respuesta, otorgándole una retribución cada uno, que podría variar de las cero a las cinco piezas, y que iba acompañada de una retroalimentación verbal que en buena medida era la conducta registrada.

En la tercera fase experimental se trabajaron las contingencias de poder. Para ello se entregaron a cada participante tres rompecabezas de 48 piezas cada uno, con las piezas revueltas en cantidades iguales a las de sus compañeros. Las piezas se colocaron sobre una mesa de trabajo. Se asignaron también 100 puntos a cada participante, representados en billetillos de juguete con valor de un punto cada uno. La petición fue que cada participante armara en el menor tiempo sus rompecabezas, conservando la mayor cantidad de puntos posibles, teniendo libertad de hacer los intercambios de piezas que requirieran, usando o no sus puntos.

Resultados

Los resultados experimentales se expresaron por medio de indicadores porcentuales de distribución de las emisiones de conducta en el experimento y a través de la obtención de indicadores de probabilidad de ocurrencia secuencial.

Por cada subgrupo experimental se obtuvieron indicadores cuantitativos del comportamiento, que expresaron la distribución porcentual de ocurrencia de cada DFCS en cada nivel de funcionalidad (ver Tablas 2, 3 y 4). En el experimento se lograron registrar 682 conductas, cuyas emisiones se distribuyeron en cada fase experimental de la siguiente manera: 133 en la fase de intercambio, 157 en la fase de sanción y 392 en la fase de poder. De igual manera se logró establecer una distribución de emisiones de conductas, la cual mostró que de las 682 conductas registradas, 326 las emitió el subgrupo de mediana funcionalidad, 181 el de baja funcionalidad y 175 el de alta funcionalidad, arrojando distribuciones porcentuales de .478, .265 y .256 respectivamente.

La distribución de conductas en relación a la DFCS que pertenecían, mostró que predominaron las emisiones correspondientes a intercambio, con un registro de 405, mientras que las emisiones de sanción presentaron 209 registros. Se contaron 68 registros para el caso de la DFCS de poder, representando indicadores porcentuales de .593, .306 y .099, respectivamente.
A partir de los resultados y los datos obtenidos se configuraron tres estilos de interacción social, cada uno ligado con el nivel funcional de los participantes y con la DFCS que predominó en sus interacciones (ver Tabla 5). Los estilos de interacción configurados fueron: intercambiante en los participantes de mediana funcionalidad, 2) intercambiante-empoderado en los participantes de alta y 3) intercambiantesancionador en los participantes de baja funcionalidad.


Análisis secuencial del comportamiento

Se hizo un análisis secuencial del comportamiento de los 120 minutos registrados para cada participante experimental. A partir del análisis secuencial se establecieron indicadores de probabilidad de ocurrencia (IPO) de conductas de transición, mostrando un análisis comparativo entre los participantes de distinto nivel de funcionalidad (ver Figuras 1, 2 y 3). Se identificó por cada segmento secuencial una categoría denominada conducta fuera de rango de registro (CFRR) para referirse a aquellas emisiones que ocurrieron después del rango preestablecido de registro que era de 5 segundos. En un primer momento, el análisis se realizó con los participantes de alta funcionalidad, registrando la sucesión secuencial de las conductas, por parte de los participantes de los otros dos niveles funcionales. Se detectaron datos relevantes como los siguientes: las emisiones de reciprocidad fueron seguidas por un IPO de .50 por solicitudes de los pares de los otros niveles funcionales. La emisión de robo fue secuencialmente seguida por conductas de ofrecimiento con un IPO de .50. Las colaboraciones fueron seguidas de solicitudes, con un IPO de .60. La emisión de desacuerdo fue seguida de un .50 de IPO por identificación con el par. Las amonestaciones emitidas fueron seguidas de un IPO de .61 para desacuerdos. Las identificaciones con el par, mostraron un seguimiento secuencial de un IPO de .56 para otras identificaciones con el par.

La instrucción fue seguida secuencialmente por emisiones de otras instrucciones con un IPO de .41. La obediencia, se vio secuencialmente seguida por persuasiones, con un IPO de .50.

Mediante el análisis secuencial en los participantes de mediana funcionalidad se encontró lo siguiente: las emisiones de solicitud fueron seguidas secuencialmente por IPO de .39 para la conducta de acuerdo. Las emisiones de acuerdos fueron seguidas por IPO de .42 para las emisiones de ofrecimientos, y de IPO de .30 para la emisión de solicitudes. Las conductas de ofrecimiento fueron seguidas de un IPO .54 para emisión de acuerdos. Las emisiones de robo fueron seguidas por un IPO de .30 para emisión de solicitudes, así como de IPO de .25 para otros robos. Las amonestaciones emitidas por internos medianamente funcionales fueron seguidas de IPO de .62 para emisiones de identificación con el par, así como de desacuerdos en un IPO de .31. La emisión de identificaciones con el par, se siguió por un IPO de .53 para otras identificaciones con el par. La presentación del comportamiento de calificación, se vio seguida por un IPO de .50 para identificaciones con el par. La presentación de coerción se vio seguida de un IPO de .75 para la emisión de instrucciones.

El análisis secuencial de los participantes de baja funcionalidad mostró las siguientes probabilidades de ocurrencia: cuando emitieron solicitudes, el IPO fue de .62 para que se registraran emisiones de acuerdos de sus pares. Las emisiones de acuerdo, se siguieron de un IPO de .66 para el caso de emisiones de ofrecimiento. En el caso de los ofrecimientos, éstos tuvieron un IPO de .49 de ser seguidos por acuerdos. Las conductas de robo, se vieron seguidas por un IPO de .47 para el registro de otros robos. Las quejas se vieron seguidas de un IPO de .41 para la emisión de desacuerdos.

La presentación de desacuerdos, se relacionó con un IPO de .37 para registrar otros desacuerdos. La conducta de amonestación, tuvo un IPO de .41 para la emisión de identificación con el par. La presencia de conductas de calificación, se vio relacionada con un IPO de .61 para el caso de emisiones de desacuerdos. La ocurrencia de obediencia, se vio seguida de un IPO de .50 para emisiones de persuasión. Las persuasiones se vieron seguidas de un IPO de .50 para coaliciones y de un IPO de .50 de para coerciones.

Es pertinente mencionar que el análisis secuencial permitió la identificación de patrones de sucesión relacionados con la continuidad interaccional en una dimensión funcional, ya que en el caso de los participantes de alta funcionalidad se encontró que sus emisiones en las dimensiones de intercambio y de sanción, se sucedieron secuencialmente por emisiones de sus pares experimentales en las mismas dimensiones. En el caso de los participantes de mediana y baja funcionalidad, se detectó que sus emisiones fueron seguidas por emisiones de las tres dimensiones funcionales del comportamiento social, de parte de sus pares experimentales, pero que fueron correspondientes con la dimensión de la conducta emitida originalmente por ellos, lo que sugiere que las interacciones se mantienen en segmentos relacionados con la dimensión que propone la emisión de arranque convivencial.

Discusión

Los hallazgos de este trabajo concuerdan con la propuesta teórica de la taxonomía de la teoría de la conducta sobre interacción social (Ribes et al., 2008) que propone a la dimensión de intercambio como forma básica de interacción, ya que en el experimento el total de las interacciones registradas se originaron con emisiones de la dimensión de intercambio, independientemente de la fase experimental de que se tratara, además de que se registró en los tres subgrupos un predominio significativo de la ocurrencia de estas conductas, con respecto a las presentadas en las dimensiones de sanción y de poder. Respecto al registro de mayor cantidad de conductas en la fase de poder, puede atribuirse ese resultado a una preferencia de los participantes experimentales por convivir en contingencias de esa DFCS, pero no se debe descartar que sea consecuencia de familiarización con el grupo y/o tipo de tareas ejecutadas, al tratarse de la última fase presentada dentro del estudio, considerando que también se observó un patrón de crecimiento en los registros de la fase de intercambio a la de sanción, que fueron primera y segunda fase respectivamente en el estudio. En el mismo sentido, llama la atención que la DFCS que mayores registros de conducta tuvo (intercambio), haya sido también la que menos comportamientos propició cuando las contingencias se arreglaron para que fuera una fase experimental. Mientras que la DFCS que menos registros de emisiones conductuales tuvo, fue también en la que más comportamientos se observaron cuando fue fase experimental.

La configuración de los estilos de interacción social de los internos participantes se fundamentó en las preferencias de emisión de conducta que cada subgrupo experimental presentó, sin embargo debe mencionarse que el predominio en los tres subgrupos fue por las emisiones de conductas de intercambio, detectándose diferencias en las emisiones de las otras dos dimensiones, a partir de las que se establecieron las nomenclaturas y configuraciones de los estilos de interacción.

Con respecto al análisis secuencial del comportamiento, éste pudo identificar la presencia de patrones de estabilidad en la interacción, donde las emisiones de los internos participantes fueron mayoritariamente sucedidas por conductas pertenecientes a las mismas DFCS de las conductas de origen en los segmentos interactivos, lo que plantea que en estudios posteriores y en la comparación de los respectivos resultados, se analice si este patrón secuencial se origina porque es una característica de las condiciones penitenciarias, efecto del internamiento, una condición típica de las interacciones sociales o es efecto de algún otro factor.

Es pertinente mencionar que los resultados del estudio fortalecen la propuesta de la observación directa del comportamiento como una instrumentación adecuada y científicamente válida para estudiar poblaciones especiales, como en este caso fueron los internos penitenciarios, ya que a diferencia de los análisis basados en evaluaciones entre sujetos, por ejemplo las apoyadas en psicométricos (Aluja & Pérez, 1994), la observación permite la captación de elementos consistentemente presentes en los organismos estudiados y no solo aquellos que limita el diseño del instrumento de evaluación y el momento en que se administra.

Se plantea enriquecer los acervos en materia de estudios psicológicos de poblaciones criminales, buscando que aquellas propuestas que estudian a este tipo de participantes en momentos no delictivos, complementen los conocimientos aportados desde modelos cuyo objeto de estudio es la conducta criminal (e.g. Marchiori, 2002).

Derivado de los hallazgos de este trabajo, se cuestionan algunos criterios, que desde la psicopatología postulan que para los pacientes con trastorno antisocial de la personalidad, los procesos de interacción se presentan predominando las conductas disruptivas y significativamente diferentes respecto a poblaciones normativas, ya que en este análisis las emisiones conductuales con más cantidad de registros en los tres subgrupos experimentales, fueron las de la DFCS de intercambio, que como se mencionó se considera en la teoría de referencia una dimensión básica y prosocial.

Se considera que a diferencia de otras propuestas interesadas en el estudio experimental de las interacciones sociales intrapenitenciarias, donde se trabajó con ambientes simulados y participantes que no eran en realidad internos penales (Haney, Banks, & Zimbardo, 1973) el acceso al análisis real de estas poblaciones posibilita la creación de un acervo de conocimientos científicamente respaldados, que guardan mayor validez.
Respecto a la ausencia de emisión por parte de los participantes de cuatro categorías del código de observación empleado durante los 240 minutos registrados, y a diferencia del grupo piloto de estudiantes universitarios, se propone que este dato sea contrastado en réplicas de este análisis, para poder establecer el origen de esa diferencia entre ambos grupos.

Se consideran otras propuestas de seguimiento a la línea de investigación, como la réplica experimental con poblaciones similares (adictos a sustancias, menores infractores, mujeres recluidas etc.) así como la réplica experimental con participantes cuyas clasificaciones de funcionalidad institucional se desconozcan de manera previa al registro, a fin de consolidar hallazgos y cuidar la incidencia de las variables extrañas en este tipo de trabajo. Se considera pertinente continuar con el trabajo de análisis empírico de esta teoría, ya que a la fecha las propuestas desarrolladas son pocas, quedando como parte de un acervo exploratorio, debiendo contrastar y ajustar más los postulados teóricos.

Considerando las obtenciones de este trabajo, se coincide con otros estudios (López & Torres, 1991; Santoyo, 1994) en el sentido de que el análisis conductual, basado en la observación y registro de la consistencia comportamental permite obtener datos que pueden fundamentar la aplicación de intervenciones, el desarrollo de bases de datos y otro tipo de estrategias.

Finalmente, luego de revisar trabajos conductistas cuyos abordajes han sido con sujetos o escenarios delictivos (Bandura & Ribes, 1978; Kazdin & Buela-Casal, 2001; Wilson & Herrnstein, 1998), se considera que el diseño de investigación empleado en este análisis puede ubicarse como una contribución técnica en el marco de la psicología conductista interesada en fenómenos o poblaciones criminales.

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Recibido: 15 de abril, 2012
Aceptación final: 10 de julio, 2012

  1. Jacobo Herrera Rodríguez, Francisco Javier Pedroza Cabrera, Roberto Oropeza Tena y María Elena Rivera Heredia. Universidad Autónoma de Aguascalientes y Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
    Contacto: Jacobo Herrera Rodríguez, correo electrónico: herrerajacob@yahoo.com.mx []

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